Raquel Sofia

Soy Raquel Sofía. Escribo canciones y las canto también. Mi vida es un desorden de aventuras, personajes únicos, amores y malas decisiones.
     La soledad es una consecuencia. Es una respuesta. No existe por sí sola. Es la sombra que sigue a la compañía. El sonido de las pisadas que se alejan. Es el silencio en la habitación cuando la puerta se cierra. 
    Me pregunto: ¿Los seres humanos nacemos con la capacidad de sentirnos solos o será algo que desarrollamos con cada adiós? Si cayéramos del cielo a la tierra como estrellas, una a una, y viviéramos cada uno en su propia cueva ¿nos sentiríamos solos? Yo creo que no. Yo creo que la soledad no es más que una reacción alérgica a la compañía. Es un dolor de estómago después de haber comido demasiados dulces. 
    Hoy, ante ustedes, me declaro adicta al amor. Tengo un problema digno de rehab. Yo amo el amor de todo tipo: de amigos, de pareja, de familia, de perros… El amor es todas las drogas en una: te da las alucinaciones de los hongos, la calentura de una pepa, la sensación de super héroe de la cocaína y la risa pendeja de la María. Te abre la cabeza a la posibilidad de que todos estamos conectados, de que el destino existe y sin darte cuenta estás hablando en lenguaje de mafutero: yo estoy aquí y tú estás aquí y estamos juntos y no sé porqué, pero creo que así se supone que sea… Pero como todas las drogas el efecto termina y le sigue un bajón de nota horrible. Si vas manejando borracho de amor, con el carro lleno de gente que quieres, asegúrate el cinturón, porque la soledad te espera a la vuelta de la esquina. 
   Me parece muy mal chiste de parte de la vida, pero es que ella no tiene tacto alguno. Nos toca escoger qué preferimos: perder o nunca haber tenido nada. Dejar que nos rompan el corazón o evitarnos ese lío y nunca entregarlo. No buscar amigos, no comprar perro, no pegarnos el tape para no tener que arrancarlo. A veces pienso que si yo fuese la única persona en el mundo nunca me sentiría sola porque pues, “ignorance is bliss”, pero la cosa no funciona así. Si tenemos suerte nacemos en hospitales rodeados de personas ansiosas por darnos amor y por ser nuestros compañeros de vida. Por eso desde la primera vez que abrimos la boca a respirar estamos destinados a algún día sentirnos solos.

     Los más maduros se conforman con agradecer esos instantes de contacto. Los más egoístas, como yo, siempre queremos más. Cuando uno tiene mucho para dar es difícil aceptar que no tienes a quien dárselo, pero lo bueno es que todo llega. Primero la compañía pregunta y la soledad responde. Luego pregunta la soledad y responde la compañía y así siguen conversando para siempre. No existe la una sin la otra- se necesitan, se balancean. Son hermanas y se toman turnos para jugar con nosotros, sus juguetes favoritos. La soledad hoy. La compañía mañana. Las conozco bien a las dos, las recibo cuando me tocan la puerta y debo decir, que aunque sea la hermana fea, La Soledad también tiene su encanto. 

     La soledad es una consecuencia. Es una respuesta. No existe por sí sola. Es la sombra que sigue a la compañía. El sonido de las pisadas que se alejan. Es el silencio en la habitación cuando la puerta se cierra. 

    Me pregunto: ¿Los seres humanos nacemos con la capacidad de sentirnos solos o será algo que desarrollamos con cada adiós? Si cayéramos del cielo a la tierra como estrellas, una a una, y viviéramos cada uno en su propia cueva ¿nos sentiríamos solos? Yo creo que no. Yo creo que la soledad no es más que una reacción alérgica a la compañía. Es un dolor de estómago después de haber comido demasiados dulces. 

    Hoy, ante ustedes, me declaro adicta al amor. Tengo un problema digno de rehab. Yo amo el amor de todo tipo: de amigos, de pareja, de familia, de perros… El amor es todas las drogas en una: te da las alucinaciones de los hongos, la calentura de una pepa, la sensación de super héroe de la cocaína y la risa pendeja de la María. Te abre la cabeza a la posibilidad de que todos estamos conectados, de que el destino existe y sin darte cuenta estás hablando en lenguaje de mafutero: yo estoy aquí y tú estás aquí y estamos juntos y no sé porqué, pero creo que así se supone que sea… Pero como todas las drogas el efecto termina y le sigue un bajón de nota horrible. Si vas manejando borracho de amor, con el carro lleno de gente que quieres, asegúrate el cinturón, porque la soledad te espera a la vuelta de la esquina. 

   Me parece muy mal chiste de parte de la vida, pero es que ella no tiene tacto alguno. Nos toca escoger qué preferimos: perder o nunca haber tenido nada. Dejar que nos rompan el corazón o evitarnos ese lío y nunca entregarlo. No buscar amigos, no comprar perro, no pegarnos el tape para no tener que arrancarlo. A veces pienso que si yo fuese la única persona en el mundo nunca me sentiría sola porque pues, “ignorance is bliss”, pero la cosa no funciona así. Si tenemos suerte nacemos en hospitales rodeados de personas ansiosas por darnos amor y por ser nuestros compañeros de vida. Por eso desde la primera vez que abrimos la boca a respirar estamos destinados a algún día sentirnos solos.

     Los más maduros se conforman con agradecer esos instantes de contacto. Los más egoístas, como yo, siempre queremos más. Cuando uno tiene mucho para dar es difícil aceptar que no tienes a quien dárselo, pero lo bueno es que todo llega. Primero la compañía pregunta y la soledad responde. Luego pregunta la soledad y responde la compañía y así siguen conversando para siempre. No existe la una sin la otra- se necesitan, se balancean. Son hermanas y se toman turnos para jugar con nosotros, sus juguetes favoritos. La soledad hoy. La compañía mañana. Las conozco bien a las dos, las recibo cuando me tocan la puerta y debo decir, que aunque sea la hermana fea, La Soledad también tiene su encanto. 

Concierto Privado

Concierto Privado

CRÓNICAS DE UNA NIÑA TONTA

Raquel Sofía, Video Diaries- Week 15

Soy Raquel Sofía. Escribo canciones y las canto también. Les quiero compartir mi vida a través de mis video diaries “Crónicas de Una Niña Tonta”.

Esta Semana: Mi review de Premios Juventud 2014 featuring Verónica Orozco. 

This week: My review of Premios Juventud 2014 featuring Verónica Orozco.

That rockstar life…

     I’ve been waiting my whole life for this. It’s that simple. As I’ve said before in this blog, I was never the girl who dreamed of the perfect wedding, having babies, or living a quiet, “normal” life. No. I’ve always yearned for music, airplanes, suitcases, bands, concerts, adventure…. It’s not an easy job and while on tour, with no clean clothes, missing home and with one month of traveling to go, I’ve often thought I must be crazy to choose this life. I really don’t know if I chose it or if it chose me, but I was born for the road. 
    I’m about to release my first single and I’m too excited and impatient to even sleep anymore (I started writing this at 5am). It feels like a dream: I’m with a label, I have a team who believes in me, they let me be myself, and we have a “plan”. But it’s not easy being this close, seeing others doing what I want to do and instead of being on a stage, sitting on my sofa practicing chromatic exercises on guitar. Many times I feel like teenage girl who has been grounded- tomorrow is Premios Juventud and my parents at Sony wont let me go, so I have to stay at home with a glass of wine and the crushing feeling that no one gets me. Everyone tells me to take advantage of this “down time” because once I start moving, I wont stop. They say “use this time to practice”… What part don’t you understand? I’ve been practicing my whole life! 
      At the age of seven I started writing songs in notebooks that I took with me everywhere. The amazing thing is that twenty years later, I’m still writing songs about the same thing- the “boy I like” who “does’t like me back”. At eighteen I moved to Miami to study jazz in college and immediately started working as a singer. I sang Beyonce in clubs, Jobim in restaurants, “Ava Nagila” in weddings while the bride and groom were lifted on chairs. I sang at a clown wedding (seriously, they met in “Clown College”), at a birthday for a little boy with rich parents, at bah mitzvahs, sweet sixteens, casinos that reeked of cigarettes, empty bars, Christmas parties, on the beach with a Rasta playing steel drums, and a couple of times in a progressive church (I was “let go” after I refused to join the parish and stop charging them). I sang with Juanes, Shakira and Jen Carlos Canela and once, Dennis Rodman came up on stage with me for a rendition of “Sex Machine” by James Brown.
     And now I’m here, about to start what will surely be the hardest race of my life. It’s a complicated road for a “new artist” and with no guarantees. There isn’t a formula for success and sometimes it seems that people in this industry are more welcoming of a UTI than an artist that does something “different”. But I’m not afraid. As artists, we are all we all know about being broke, failed projects, auditions with no callback, people telling us they hate what we do, what it’s like to loose a gig when a venue shuts down or a tour ends. The moment we decided to dedicate our lives to music, we accept that anything can happen. 

      Two weeks before this new stage in my life I feel like a storm, silent, building up over the ocean, ready to cause some damage. I feel like an insect: no one sees me, but I’m here, treading carefully so as to not get crushed by a titan. I feel a need for people to listen, to pay attention to me, for someone someday hear one of my songs and say “wow, thats exactly how I feel right now.” I want to inspire as I’ve been inspired by the greats. I’m not saying I deserve it, just that I need it. I need it more than anything.

     I’ve been waiting my whole life for this. It’s that simple. As I’ve said before in this blog, I was never the girl who dreamed of the perfect wedding, having babies, or living a quiet, “normal” life. No. I’ve always yearned for music, airplanes, suitcases, bands, concerts, adventure…. It’s not an easy job and while on tour, with no clean clothes, missing home and with one month of traveling to go, I’ve often thought I must be crazy to choose this life. I really don’t know if I chose it or if it chose me, but I was born for the road. 

    I’m about to release my first single and I’m too excited and impatient to even sleep anymore (I started writing this at 5am). It feels like a dream: I’m with a label, I have a team who believes in me, they let me be myself, and we have a “plan”. But it’s not easy being this close, seeing others doing what I want to do and instead of being on a stage, sitting on my sofa practicing chromatic exercises on guitar. Many times I feel like teenage girl who has been grounded- tomorrow is Premios Juventud and my parents at Sony wont let me go, so I have to stay at home with a glass of wine and the crushing feeling that no one gets me. Everyone tells me to take advantage of this “down time” because once I start moving, I wont stop. They say “use this time to practice”… What part don’t you understand? I’ve been practicing my whole life! 

      At the age of seven I started writing songs in notebooks that I took with me everywhere. The amazing thing is that twenty years later, I’m still writing songs about the same thing- the “boy I like” who “does’t like me back”. At eighteen I moved to Miami to study jazz in college and immediately started working as a singer. I sang Beyonce in clubs, Jobim in restaurants, “Ava Nagila” in weddings while the bride and groom were lifted on chairs. I sang at a clown wedding (seriously, they met in “Clown College”), at a birthday for a little boy with rich parents, at bah mitzvahs, sweet sixteens, casinos that reeked of cigarettes, empty bars, Christmas parties, on the beach with a Rasta playing steel drums, and a couple of times in a progressive church (I was “let go” after I refused to join the parish and stop charging them). I sang with Juanes, Shakira and Jen Carlos Canela and once, Dennis Rodman came up on stage with me for a rendition of “Sex Machine” by James Brown.

     And now I’m here, about to start what will surely be the hardest race of my life. It’s a complicated road for a “new artist” and with no guarantees. There isn’t a formula for success and sometimes it seems that people in this industry are more welcoming of a UTI than an artist that does something “different”. But I’m not afraid. As artists, we are all we all know about being broke, failed projects, auditions with no callback, people telling us they hate what we do, what it’s like to loose a gig when a venue shuts down or a tour ends. The moment we decided to dedicate our lives to music, we accept that anything can happen. 

      Two weeks before this new stage in my life I feel like a storm, silent, building up over the ocean, ready to cause some damage. I feel like an insect: no one sees me, but I’m here, treading carefully so as to not get crushed by a titan. I feel a need for people to listen, to pay attention to me, for someone someday hear one of my songs and say “wow, thats exactly how I feel right now.” I want to inspire as I’ve been inspired by the greats. I’m not saying I deserve it, just that I need it. I need it more than anything.

Llevo toda mi vida esperando por esto. Es así de sencillo. Como he dicho antes en este blog, nunca fui la niña que soñaba con una boda de princesa, ni con tener hijos, ni con una vida tranquila y “normal”. No. Yo siempre quise música, aviones, maletas, banda, conciertos, aventura…. No es un trabajo fácil y estando de gira, con toda lo ropa sucia, extrañando la casa y con un mes de viaje por delante, hasta he llegado a pensar que hay que tener un cable cruzado para elegir esta vida. Yo realmente no sé si la elegí o si me eligió ella a mí, pero yo nací para la carretera.
   Estoy a punto de lanzar mi primer sencillo y ya no puedo ni dormir de la emoción y el desespero (empecé a escribir esto a las 5am). Parece un sueño: estoy con una disquera, tengo un equipo que cree en mí, me dejan ser quien soy, tenemos un “plan”.  Pero no es fácil estar tan cerca, ver a otros haciendo lo que yo quiero hacer y en ves de estar cantando en una tarima, estar sentada en el sofá practicando ejercicios cromáticos en la guitarra. Me siento muchas veces como una niñita castigada- mañana son los Premios Juventud y mis papás en Sony no me dejaron ir, así que me tengo que quedar en casa con una copa de vino y la sensación de que nadie me entiende. Todo el mundo me dice que aproveche estos días chillin porque luego no voy a parar la pata. Me dicen que use este tiempo para practicar…¿Qué no entienden? ¡Llevo practicando mi vida entera!
     A los siete años empecé a escribir canciones en libretas que llevaba conmigo a todas partes. Lo más increíble es que veinte años más tarde, todavía no tengo tema nuevo- le sigo cantando al “nene que me gusta” y preguntándome “porqué no me hace caso”. A los dieciocho años me mudé sola a Miami a estudiar jazz en la universidad y empecé a “guisar”. Canté Beyonce en discotecas, Jobim en restaurantes y el “Ava Nagila” en matrimonios mientras levantaban a los novios en sillas. Canté en una boda de payasos que se conocieron en “Clown College”, en un cumpleaños de un niñito con padres millonarios, en bah mitzvas, sweet sixteens, casinos con olor a cigarrillo, barras vacías, fiestas de Navidad, al lado de la playa con un Rasta tocando steel drums y un par de veces en una iglesia progresiva (me despidieron por no querer unirme a la parroquia y dejar de cobrar). Canté con Juanes, Shakira y Jen Carlos Canela y una vez, Dennis Rodman se subió a la tarima conmigo a cantar “Sex Machine” de James Brown. 
     Y ahora estoy aquí (queriendo convertir, los campos en ciudad…) a punto de arrancar en lo que seguramente será la carrera más difícil de mi vida. El camino del “nuevo artista” es complicada y no tiene garantías. No existe una fórmula para “pegarla” y a veces parece que la gente recibe mejor a una infección de orina que a un artista “diferente”. Pero yo no tengo miedo. Todos los artistas sabemos lo que es la falta de plata, los proyectos fracasados, las audiciones sin callback, que alguien nos diga que odia lo que hacemos, lo que es quedarse sin trabajo cuando cierra un venue o se acaba una gira. En el momento en que decidimos dedicarnos a la música, aceptamos que cualquier cosa puede pasar. 
     Dos semanas antes de una nueva etapa me siento como una tormenta, silenciosa, cogiendo fuerza sobre el mar para venir a arrancar techos. Me siento com un insecto: nadie me ve, pero aquí estoy, cuidando de que no pise un titán. Siento necesidad de que me escuchen, de que me presten atención, de que alguien algún día oiga una canción mía y diga “wow, esto es exactamente lo que siento ahora mismo.” Quiero inspirar como me inspiraron los grandes a mí. No voy a decir que lo merezco, sólo que lo necesito. Lo necesito más que nada. 

Llevo toda mi vida esperando por esto. Es así de sencillo. Como he dicho antes en este blog, nunca fui la niña que soñaba con una boda de princesa, ni con tener hijos, ni con una vida tranquila y “normal”. No. Yo siempre quise música, aviones, maletas, banda, conciertos, aventura…. No es un trabajo fácil y estando de gira, con toda lo ropa sucia, extrañando la casa y con un mes de viaje por delante, hasta he llegado a pensar que hay que tener un cable cruzado para elegir esta vida. Yo realmente no sé si la elegí o si me eligió ella a mí, pero yo nací para la carretera.

   Estoy a punto de lanzar mi primer sencillo y ya no puedo ni dormir de la emoción y el desespero (empecé a escribir esto a las 5am). Parece un sueño: estoy con una disquera, tengo un equipo que cree en mí, me dejan ser quien soy, tenemos un “plan”.  Pero no es fácil estar tan cerca, ver a otros haciendo lo que yo quiero hacer y en ves de estar cantando en una tarima, estar sentada en el sofá practicando ejercicios cromáticos en la guitarra. Me siento muchas veces como una niñita castigada- mañana son los Premios Juventud y mis papás en Sony no me dejaron ir, así que me tengo que quedar en casa con una copa de vino y la sensación de que nadie me entiende. Todo el mundo me dice que aproveche estos días chillin porque luego no voy a parar la pata. Me dicen que use este tiempo para practicar…¿Qué no entienden? ¡Llevo practicando mi vida entera!

     A los siete años empecé a escribir canciones en libretas que llevaba conmigo a todas partes. Lo más increíble es que veinte años más tarde, todavía no tengo tema nuevo- le sigo cantando al “nene que me gusta” y preguntándome “porqué no me hace caso”. A los dieciocho años me mudé sola a Miami a estudiar jazz en la universidad y empecé a “guisar”. Canté Beyonce en discotecas, Jobim en restaurantes y el “Ava Nagila” en matrimonios mientras levantaban a los novios en sillas. Canté en una boda de payasos que se conocieron en “Clown College”, en un cumpleaños de un niñito con padres millonarios, en bah mitzvas, sweet sixteens, casinos con olor a cigarrillo, barras vacías, fiestas de Navidad, al lado de la playa con un Rasta tocando steel drums y un par de veces en una iglesia progresiva (me despidieron por no querer unirme a la parroquia y dejar de cobrar). Canté con Juanes, Shakira y Jen Carlos Canela y una vez, Dennis Rodman se subió a la tarima conmigo a cantar “Sex Machine” de James Brown. 

     Y ahora estoy aquí (queriendo convertir, los campos en ciudad…) a punto de arrancar en lo que seguramente será la carrera más difícil de mi vida. El camino del “nuevo artista” es complicada y no tiene garantías. No existe una fórmula para “pegarla” y a veces parece que la gente recibe mejor a una infección de orina que a un artista “diferente”. Pero yo no tengo miedo. Todos los artistas sabemos lo que es la falta de plata, los proyectos fracasados, las audiciones sin callback, que alguien nos diga que odia lo que hacemos, lo que es quedarse sin trabajo cuando cierra un venue o se acaba una gira. En el momento en que decidimos dedicarnos a la música, aceptamos que cualquier cosa puede pasar. 

     Dos semanas antes de una nueva etapa me siento como una tormenta, silenciosa, cogiendo fuerza sobre el mar para venir a arrancar techos. Me siento com un insecto: nadie me ve, pero aquí estoy, cuidando de que no pise un titán. Siento necesidad de que me escuchen, de que me presten atención, de que alguien algún día oiga una canción mía y diga “wow, esto es exactamente lo que siento ahora mismo.” Quiero inspirar como me inspiraron los grandes a mí. No voy a decir que lo merezco, sólo que lo necesito. Lo necesito más que nada. 

But if fashion were easy, wouldn’t everyone look great?
-Tim Gunn-

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You deserve more

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Harem pants. Hammer pants.

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Dicen que existe otra galaxia…

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